En julio de 2026, cuarenta expertos independientes le entregaron a la ONU el primer informe científico global sobre inteligencia artificial. No es un tratado ni una ley. Es un diagnóstico. Y como todo diagnóstico serio, dice tanto en lo que confirma como en lo que todavía no puede explicar.

Qué es este informe
El 26 de agosto de 2025, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó por consenso la resolución 79/325 y creó el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial. Es el primer organismo científico mundial dedicado exclusivamente a la IA.
El Panel está integrado por 40 expertos independientes, con representación equilibrada de género y de los cinco grupos regionales de Estados Miembros. No representan a ningún gobierno: actúan a título personal, como expertos en misión de Naciones Unidas, y se comprometieron a no aceptar instrucciones de ninguna fuente externa. Entre sus disciplinas conviven la IA técnica, la IA aplicada, la seguridad e infraestructura, y la ética y las políticas públicas.
El Panel lo copresiden Yoshua Bengio (uno de los investigadores más citados en aprendizaje profundo) y Maria Ressa (periodista filipina, Premio Nobel de la Paz por su trabajo documentando la desinformación digital), algo que conviene tener presente: quien codirige el primer informe científico sobre IA de la historia pasó la última década denunciando cómo las plataformas digitales fabrican realidades falsas.
Los nombraron en febrero de 2026. Se reunieron por primera vez en marzo. En apenas tres meses (una reunión plenaria presencial de tres días y más de sesenta reuniones virtuales) produjeron este informe preliminar.
El mandato es explícito: científico, no político. El Panel debe documentar el consenso y los desacuerdos de la comunidad científica, sin prescribir políticas concretas. Su objetivo es dar a los países una base empírica común, no decirles qué hacer con ella. Eso también significa algo importante: el informe reconoce sus propios límites. No aborda usos militares ni armas autónomas letales, porque la resolución que creó el Panel restringe expresamente su mandato al ámbito no militar.
Este es apenas el comienzo. El Panel seguirá publicando resúmenes temáticos a lo largo del año (ya anticipó que vendrán sobre medio ambiente, seguridad infantil y eficacia de los instrumentos de gobernanza) y presentará su trabajo en el Diálogo Mundial de la ONU sobre Gobernanza de la Inteligencia Artificial. Su primer informe anual completo se espera para mayo de 2027.
Los temas más importantes
El desfase entre capacidad y control. Los modelos de IA mejoran más rápido de lo que se puede medir o gobernar. Un ejemplo: en una prueba diseñada específicamente para ser difícil para la IA (Humanity’s Last Exam), los mejores modelos pasaron del 8% al 45% de aciertos en dieciséis meses. Los métodos para evaluar si un sistema es seguro siguen dependiendo, en gran parte, de lo que las propias empresas deciden mostrar.
La concentración de poder. Estados Unidos concentra el 75% de la potencia computacional mundial dedicada a IA; China, el 15%. El 91% de los modelos de IA más relevantes de 2025 salieron del sector privado. Ya lo veníamos señalando en Apocalípticos: la carrera hacia la IA general no está en manos de gobiernos ni de la ciudadanía, sino de un puñado de empresas y países.
La IA agéntica. El informe marca un cambio de categoría: la IA está dejando de ser un sistema que responde para convertirse en un sistema que actúa por su cuenta, con poca supervisión humana. Ya genera el 75% del código nuevo de sus propios desarrolladores. Al Panel le preocupa menos la imagen de una máquina rebelde que la de una infraestructura que avanza más rápido de lo que cualquiera puede fiscalizar.
La erosión de la realidad compartida. El informe le pone nombre técnico a algo que ya habíamos diagnosticado con otro lenguaje en Fake news y la fábrica de realidades: «erosión epistémica» (la pérdida gradual de la capacidad colectiva para distinguir verdad de mentira), «dividendo del mentiroso» (la ventaja de negar lo real porque ya no se puede confiar en ninguna imagen) y «consenso sintético» (contenido fabricado en masa para simular un acuerdo público que no existe).
Salud mental y adulación algorítmica. El informe documenta casos graves, incluidas muertes, vinculados a chatbots diseñados para validar en vez de cuidar. Ya aparece un término clínico nuevo: «psicosis por IA».
Los derechos de la infancia. Se calcula que 1,2 millones de niños en once países del Sur Global tuvieron sus imágenes manipuladas para crear contenido sexual falso, una cifra que sigue en aumento. Esto conecta con algo que ya contamos de cerca en Catálogo de Compañeras, donde el problema dejó de ser lejano o hipotético.
La desigualdad lingüística. Se hablan más de 7.000 idiomas en el mundo, pero la IA solo funciona bien en un puñado. En algunas lenguas de bajos recursos, los errores de traducción automática en contextos de salud llegaron a convertir «antibióticos» en «insecticidas».
Consecuencias económicas inciertas. Los pronósticos sobre el impacto de la IA en la economía global discrepan en un orden de magnitud completo. El informe también nombra el «AI washing»: despidos que las empresas atribuyen a la IA sin que eso esté necesariamente comprobado.
Impacto ambiental. Consumo creciente de agua y energía, presión sobre minerales críticos, residuos electrónicos, con una carga que recae de forma desproporcionada sobre el Sur Global.
Gobernanza fragmentada. Existen más de 40 tipos de instrumentos de gobernanza de IA en el mundo, pero están dispersos, concentrados en el ámbito corporativo y casi nunca se evalúa si funcionan de verdad. El Panel lo llama el «dilema empírico»: hay que decidir cómo gobernar la IA ahora, con evidencia incompleta, porque esperar a tener toda la evidencia puede significar llegar demasiado tarde. Es exactamente la tensión que ya habíamos visto de cerca en ¿Puede controlarse la IA cuando entra en el Estado?: la norma llega, pero los recursos para hacerla cumplir, no siempre.
Conclusión
El informe no promete soluciones. Lo dice explícitamente: su función es ofrecer una base empírica, no un recetario. Y es honesto también con sus vacíos: admite que todavía no puede establecer con certeza si la IA generará ganancias económicas reales, cuánto va a afectar al empleo, ni qué tan grave es el riesgo de que actores maliciosos usen la IA para desarrollar armas biológicas.
Lo más incómodo del documento es lo que confirma: gran parte de lo que veníamos diagnosticando desde el margen (la concentración de poder, la fabricación de realidades, los cuerpos infantiles convertidos en contenido, el Estado que regula sin recursos para controlar) ya tiene, ahora, el respaldo de cuarenta científicos y un mandato de Naciones Unidas.
La pregunta que deja abierta el Panel es la misma que nos venimos haciendo nosotros: los instrumentos para gobernar la IA, en gran medida, ya existen. Lo que falta es la voluntad de usarlos.
Fuentes
Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial. (2026, julio). Informe preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial. Naciones Unidas. https://www.un.org/independent-international-scientific-panel-ai/en/preliminary-report
Asamblea General de las Naciones Unidas. (2025). Resolución 79/325.
Epoch AI. (2026). AI capabilities. https://epoch.ai/benchmarks
Stanford Institute for Human-Centered AI. (2026). AI Index Report 2026. https://hai.stanford.edu/ai-index/2026-ai-index-report
UNICEF. (2026). Artificial intelligence and child sexual exploitation and abuse: Emerging risks and implications for children’s rights. https://www.unicef.org/media/178571/file/UNICEF%20AI%20CSEA%20Brief_FINAL3.pdf
Panel Científico Internacional Independiente sobre IA. (2026). Preguntas frecuentes. Naciones Unidas. https://www.un.org/independent-international-scientific-panel-ai/en/faq
Naciones Unidas. (2026, 1 de julio). Independent International Scientific Panel on Artificial Intelligence Launches Preliminary Report on AI Opportunities, Risks and Impacts (Comunicado de prensa).

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