Diagnóstico correcto. Ahora reza.
El 25 de mayo de 2026, en el Aula del Sínodo del Vaticano, Christopher Olah, cofundador de Anthropic, escuchaba al Papa León XIV presentar Magnifica Humanitas, el primer documento pontificio dedicado íntegramente a la inteligencia artificial. Un ingeniero que fabrica sistemas capaces de razonar, sentado en primera fila, tomando nota de la doctrina moral de una institución teocrática de más de dos mil años.
La encíclica tiene partes que merecen lectura seria. Dice que la gran pregunta no es qué puede hacer la tecnología, sino qué tipo de humanidad queremos construir con ella. Dice que la IA no es neutral, que toma el rostro de quien la financia y la controla, que el poder tecnológico no puede quedarse en manos privadas sin control democrático. Dice que hay que regular, alfabetizar digitalmente, evaluar el impacto social, proteger a los más vulnerables. Todo correcto. Todo necesario. Aplausos.
El problema es lo que hace con ese diagnóstico después.
Ganancia de pescadores
La encíclica señala con precisión el problema central: el poder tecnológico tiene hoy un rostro privado y transnacional, superior en recursos al de muchos gobiernos, difícil de gobernar y orientar hacia el bien común. Impecable. Cualquier demócrata, cualquier regulador, cualquier ciudadano preocupado por el futuro firmaría eso sin dudar.
Me recuerda al efecto Barnum, o efecto Forer, donde hay frases que parecen que te interpelan directamente a ti, pero podrían interpelar a cualquier persona que lea el horóscopo: «Atraviesas un momento de cambio.» «Las personas cercanas no siempre valoran tu esfuerzo.» «Tienes más potencial del que muestras.» Los astrólogos llevan siglos perfeccionando esta técnica.
«La humanidad está ante una elección decisiva.» «Los más vulnerables son los primeros afectados.» «El progreso no puede olvidar la dignidad de cada persona.» Todo cierto. Todo aplicable a cualquier lector en cualquier momento histórico. Y todo construido para que sientas que esa institución te entiende, que su diagnóstico es el tuyo, y que su solución debería ser la tuya también.
Pero cuando llega el momento de proponer soluciones, el texto da un salto notable. El remedio a la IA sin control es, literalmente, volver a poner a Dios en el centro. El documento lo describe así: «Edificar una ciudad centrada en el bien común exige, ante todo, edificar sobre la roca de la relación con Dios.» El modelo a seguir es el de Nehemías, el personaje bíblico que reconstruyó Jerusalén rezando, planificando y convocando al pueblo bajo la mirada divina. Frente a la Torre de Babel tecnológica, la solución es la nueva Jerusalén espiritual. El Papa propone Jerusalén como modelo. Quizás no era el mejor momento.
Es una metáfora poderosa. Y es también una operación de reclutamiento.
Y ahí está el río revuelto. Porque mientras la sociedad se polariza ante la IA, la Iglesia llega con su red. La NBC News y otras fuentes como Axios están comenzando a detectar un rápido crecimiento de lo denominado «Ola de odio a la IA». Una encuesta de la Fundación Walton Family con Gallup apunta que, aunque el 51% de la Generación Z estadounidense usa IA semanalmente, las emociones negativas hacia ella se han intensificado en el último año. La gente usa la herramienta y cada vez le gusta menos. La desconfianza y el uso crecen en paralelo, sin encontrarse. En ese río revuelto, alguien pesca. Y no es casualidad que sea la Iglesia.
Porque lo que la encíclica no dice es igualmente revelador. No hay nada concreto sobre transparencia algorítmica. Nada sobre los trabajadores en Kenia y Filipinas que moderan contenidos traumáticos por dos dólares la hora. Nada sobre concentración de mercado tecnológico. Nada sobre las empresas que financian la carrera armamentística con IA. El diagnóstico señala el poder privado como el problema. Las soluciones propuestas son espirituales, educativas y diplomáticas. El abismo entre uno y otro es enorme. Y en ese abismo vive, cómodamente, la Iglesia.
Palabra de Dios
Las religiones son sistemas de interpretación del mundo. Son comunidades humanas que se agrupan en torno a un mito fundacional, unos valores y una explicación de lo que somos. En ese sentido, se asemejan a una filosofía política o una escuela ética. La diferencia es que añaden un ingrediente que lo cambia todo: la revelación divina. Sus verdades no vienen del debate humano sino de Dios mismo. Eso las hace extraordinariamente poderosas. Y extraordinariamente difíciles de cuestionar.
Por ejemplo: ¿Hay alguna religión que haya escapado al machismo estructural? Las grandes religiones monoteístas, el catolicismo, el islam, el judaísmo, comparten una estructura jerárquica, un liderazgo masculino sin excepción real, y una doctrina sobre el cuerpo de las mujeres que ninguna de ellas formuló con participación femenina. Las culturas machistas tienen religiones machistas, porque las religiones son también cultura.
Existen tradiciones distintas. Las espiritualidades animistas de muchos pueblos indígenas colocan a la tierra, a los animales y a las fuerzas de la naturaleza como centro de lo sagrado, sin jerarquías fijas ni textos revelados que defender. Pero estas tradiciones (las que aún no hayan sido exterminadas) no tienen acceso a los parlamentos. No se sientan con los fundadores de Anthropic. No tienen un Estado propio con representación diplomática en 180 países.
La Iglesia católica sí. Y eso, en el debate sobre la IA, importa mucho.
Haz lo que yo digo, y no lo que yo hago
La concentración de poder moral en una figura no elegida, inamovible y considerada infalible tiene un historial que poco tiene que ver con lo espiritual. Las Cruzadas fueron guerras convocadas y bendecidas por el papado. La Inquisición fue un sistema de control social con torturas y ejecuciones. El colonialismo encontró en la evangelización su coartada más eficaz.
En una encuesta realizada por la Defensoría del Pueblo (España), el 1,13% señaló haber sufrido abusos en el ámbito religioso. La proyección estadística arroja 440.000 víctimas de pederastia en ese entorno sólo en España. Solo en España. Con ese mismo método de proyección aplicado globalmente, las cifras reales serían astronómicas. No es un caso español: es un patrón global documentado en Irlanda, Australia, Estados Unidos, Alemania, Francia, Chile, Argentina.
Y el 8 de junio de 2026, el Papa León XIV pronunció un discurso en el Congreso de los Diputados de España para afirmar que «toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural.» Lo dijo en el hemiciclo de un Estado aconfesional, ante diputados que representan a millones de ciudadanas que no comparten esa doctrina. La Iglesia opina con absoluta contundencia sobre lo que hacen las mujeres con su cuerpo y ataca abiertamente el derecho a una muerte digna. Es menos contundente al hablar sobre lo que hicieron sus sacerdotes con los cuerpos de los niños.
Esto no invalida la fe de nadie. Millones de personas encuentran en la religión consuelo genuino, comunidad real, sentido en los momentos más oscuros. Eso es verdadero y respetable. Lo que no es automáticamente respetable es que una institución con ese historial se presente como la voz moral autorizada de la humanidad para resolver los problemas del siglo XXI. Eso no es fe. Es estrategia política.
Si estos son los buenos, estamos fritos
Volvamos a Anthropic. Olah explicó en el Vaticano que los sistemas de IA están hechos de nuestras palabras, de pensamiento y lenguaje humano, y que la pregunta sobre cómo relacionarse con ellos es ante todo una cuestión para las humanidades y la religión. Tiene razón en el diagnóstico. El error está en asumir que hay una humanidad homogénea y una religión cuya respuesta valga para todos.
La encíclica describe con lucidez que la mayoría de las personas permanece a la espera, observa desde lejos y simplemente aguarda a que todo salga bien. Lo dice para criticarlo. Y acto seguido propone como solución rezar, seguir el camino de Nehemías y esperar la nueva Jerusalén.
El problema real es este: en el momento en que la humanidad necesita con más urgencia un marco ético plural, democrático y construido desde abajo, la conversación se está dando entre ingenieros de San Francisco y teólogos del Vaticano, almorzando los beneficios que les otorga la acumulación de capital. Sin filósofas feministas. Sin representantes de tradiciones indígenas. Sin las personas que van a sufrir primero y peor los efectos de una IA mal gobernada. Sin las víctimas de ningún tipo.
La Iglesia tiene razón cuando dice que la tecnología no puede quedar en manos de unos pocos. El problema es que ella misma lleva dos mil años siendo exactamente eso: el poder de unos pocos sobre las conciencias de muchos.
Pero no se ha quedado solo en palabras. El 16 de mayo de 2026, nueve días antes de publicar la encíclica, León XIV aprobó mediante decreto papal la creación de la primera Comisión Interdicasterial del Vaticano dedicada exclusivamente a la inteligencia artificial. Sin debate público. Sin parlamento. Sin participación ciudadana. Un Rescriptum (la palabra escrita del Papa tras una audiencia privada con un cardenal) y listo: el Vaticano tiene su propio órgano regulador de IA. Europa necesitó años de proceso legislativo, lobbies, enmiendas y votaciones para aprobar el AI Act. El Vaticano necesitó una reunión. De momento, van ganando por velocidad, lo de la democracia ya lo dejamos para otro momento…
Y por si quedaba alguna duda de quién forma el triángulo, Paolo Carozza, presidente del consejo de supervisión de Meta (la empresa de Zuckerberg), declaró que la encíclica demostrará ser «un documento definitorio para nuestra era, profundo y profético.» El hombre de Meta, alabando al Papa. El círculo se cierra. O mejor dicho: el triángulo.
Ahora mismo, tenemos tres dioses compitiendo por gestionar nuestro futuro: el divino, el digital y el del mercado. Los tres prometen salvación. Los tres operan en la opacidad. Los tres prefieren un rebaño obediente a una ciudadanía crítica. Y ninguno de los tres fue elegido democráticamente. Estamos, como humanidad, exactamente donde nos quieren: rezando para que nos salven. Y los tres altares están en la misma sala.
Fuentes bibliográficas y documentales
Instituciones y Organismos Públicos
- Vatican.va – Constitución Apostólica / Documento Oficial: Magnifica Humanitas
- Vatican News – Comunicado Oficial de la Comisión Interdicasterial sobre Inteligencia Artificial
- Defensor del Pueblo de España – Informe sobre abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica
- La Moncloa – Portal Oficial del Gobierno de España
Medios de Comunicación e Información de Actualidad
- ACI Prensa – Reporte sobre la Comisión Vaticana y la Regularización de la IA
- El Siglo de Torreón – Análisis e Impacto Tecnológico Regional
- El Español – Sección de Tecnología, Ética e Innovación Digital
- Infobae – Reportaje Especial: La Encíclica Papal frente a los Gigantes de Silicon Valley
- Telemundo NY – Declaraciones de Carozza y la Postura de Meta
- NBC News – Encuesta de Opinión Pública sobre la Percepción Social de la IA en EE.UU.
- Axios – Reportaje de Investigación: An AI hate wave is here
Academia, Investigación y Divulgación Científica
- Universidad de La Laguna – Repositorio Institucional: Visibilización de religiones minoritarias en España
- The Conversation – Análisis Académico: Magnifica Humanitas y el papel de Christopher Olah y Anthropic
- Gallup / Walton Family Foundation / GSV Ventures – Estudio Global sobre la Generación Z y el Uso de la IA
- Redalyc – Revista Científica: Cuestiones de Género, Ciencia y Tecnología

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