Si bien todos tenemos serias inquietudes respecto de lo que nos deparará la IA y su evolución acelerada, los mangantes (perdón, magnates) tecnológicos nos prometen un vergel de libertad civil y abundancia de recursos. Por un lado, un futuro sorprendente. Por el otro, la obligación de su implementación rápida, frente a la amenaza de que lo desarrollen países enemigos como China o Rusia. Deberíamos preguntar: ¿enemigos de quién?
Con la promesa de que la IA resolverá las amenazas presentes: cambio climático, pandemias y enfermedades incurables, hambre y pobreza en el mundo; se insta a la población a no interferir en el avance de la humanidad, es decir, en el desarrollo de la IA. Eso sí: debe desarrollarla Occidente, que ama tu libertad, y no una sociedad controladora como China o Rusia. Mientras Anthropic nos enamora con su «Constitución», mientras nos prometen no volver a realizar tareas aburridas, hacer una web en veinte segundos, programar sin saber programar, acompañar a personas mayores, acabar con la soledad y trabajar desde la playa, la actitud de los magnates nos indica otra cosa.
Se ve que confían más en el hormigón.
Poder y supervivencia
En 2023, Sam Altman declaró que él, no tiene un búnker, tiene “estructuras”. La aclaración la hizo en 2023, ante el Wall Street Journal Tech Live, cuando alguien recordó que en 2016 había confesado en The New Yorker tener armas, oro, yoduro de potasio (tratamiento contra la radiación), antibióticos, baterías, máscaras de gas del ejército israelí y un terreno en Big Sur al que podría volar en caso de emergencia. Luego añadió que de nada le servirían esas estructuras si la IA «va mal». Es decir: reconoció el miedo mientras descartaba la utilidad del refugio.
Mark Zuckerberg está construyendo en la isla de Kauai, Hawái, un complejo cuyo coste estimado supera los 270 millones de dólares. La investigación de Wired, basada en documentos de obra y entrevistas, describió un refugio subterráneo de más de 450 metros cuadrados con puertas de metal rellenas de hormigón, producción propia de energía, suministro de agua independiente y una escotilla de escape que conecta por túnel con las mansiones de superficie. Cuando Bloomberg le preguntó por ello en diciembre de 2023, Zuckerberg respondió: «I think that’s just like a little shelter. It’s like a basement.» («Creo que eso es solo como un pequeño refugio. Es como un sótano»). Un sótano de 270 millones de dólares.
Peter Thiel, cofundador de PayPal, se convirtió en ciudadano neozelandés en 2011 tras pasar doce días en el país. Compró una finca de 477 acres en la Isla Sur y presentó planes para un complejo excavado en la ladera de una colina. El consejo local los rechazó en 2022 por impacto paisajístico. El único obstáculo burocrático que encontró la paranoia multimillonaria fue una objeción paisajística.
Nueva Zelanda no es una elección aleatoria. Reid Hoffman, cofundador de LinkedIn, lo explicó con total transparencia en The New Yorker (2017): decir «me compro una casa en Nueva Zelanda» es, en esos círculos, un «wink wink, say no more» (Un «tú ya me entiendes, no hace falta decir más». Lo llamó «apocalypse insurance» («seguro de apocalipsis»). Hay que reconocerle la honestidad.
Otros tienen fortalezas en el desierto. Otros, como documenta Douglas Rushkoff en Survival of the Richest (W. W. Norton, 2022), financian proyectos de seasteading (ciudades-estado flotantes e independientes en el océano) o miran a Marte como plan de evacuación definitivo. Lo que no financia ninguno de ellos es la construcción de las soluciones colectivas que defienden en sus conferencias.
Lo que el búnker nos enseña
Un búnker no detiene a una inteligencia artificial. El propio Altman lo reconoció sin que nadie se lo preguntara: si la IA «va mal», las estructuras no sirven de nada. La confesión involuntaria deja una pregunta flotando en el aire. Si no son para la IA, ¿para qué son?
Para lo de siempre. Para protegerse de otros humanos.
Puertas de hormigón antiexplosión, guardias armados, suministro de agua y energía independiente, escotillas de escape: ese es el equipamiento estándar de quien teme una revuelta, un colapso social, la ira de quienes se quedaron fuera. No el de quien teme un algoritmo.
Rushkoff documenta esto sin adornos en Survival of the Richest. Cuando los gestores de fondos lo convocaron en secreto para hablar del Event, las preguntas no eran técnicas. Eran geográficas y humanas: ¿Alaska o Nueva Zelanda? ¿Cuántas provisiones? Y sobre todo: ¿cómo evitar que los guardias de seguridad se vuelvan en tu contra cuando el dinero pierda valor? Esa es la pregunta real. No «¿cómo sobrevivir a la IA?» sino «¿cómo sobrevivir a la gente que la IA va a dejar sin trabajo, sin ingresos y sin horizonte?»
Primero construís el problema. Luego construís el muro.
El analista y profesor de negocio Scott Galloway describe este proceso como un camino sin retorno, un embudo inevitable. Su tesis es que los mismos gurús que dan discursos solemnes sobre la democracia y el bien común en las conferencias TED, llevan en realidad más de una década desconectándose del mundo real.
Uno de los CEOs líderes en IA (sin nombre, según el relato de Galloway) admitió en privado que estima entre un siete y un diez por ciento la probabilidad de que la IA cause un evento catastrófico para la humanidad. Y que eso no le detiene. Porque ser la persona que «convocó» esa inteligencia le parece más consecuente que cualquier cosa que ocurra después.
No es irresponsabilidad. Es algo más perturbador: es indiferencia con plena conciencia.
Los búnkeres, en ese contexto, no son la respuesta al miedo. Son su forma más honesta. No les preocupa que la IA nos destruya a todos. Les preocupa que, cuando empiece a destruirnos, nosotros sepamos quién la construyó.
Especismo y Dios Digital
En una fiesta de cumpleaños en Napa Valley —2013 según unos, 2015 según otros— Larry Page llamó especista a Elon Musk por defender que la consciencia humana merece ser preservada frente a una IA superior. El insulto filosófico pretendía invocar a Peter Singer. Pero lo traicionó por completo.
El especismo de Singer no es una crítica a quienes defienden a los humanos frente a las máquinas. Es una defensa de los seres sintientes frente al poder. Su argumento central no es la inteligencia: es la capacidad de sufrir, de tener experiencias, de necesitar protección. Por eso el antiespecismo es el marco teórico sobre el que se fundamenta el veganismo, no la extinción de la especie humana. Una IA quedaría fuera de su marco moral por definición.
Page usaba el nombre de Singer para argumentar que la inteligencia superior merece dominar, mientras que Singer lo usaba para argumentar que los más vulnerables merecen protección. Son posiciones diametralmente opuestas.
No es un matiz académico. Es la diferencia entre construir IA para reducir el sufrimiento o para maximizar la capacidad. Entre diseñar para la cooperación o para la dominación. La disputa de Napa no fue sobre filosofía. Fue sobre qué tipo de dios estaban dispuestos a invocar.
Musk respondió que era pro-humano. Luego fundó xAI. Page quería un dios digital cuanto antes. Luego se retiró. Pero, paradojas de la vida: los dos construyeron lo mismo.
Rituales y religión
Ilya Sutskever, cofundador y durante años director científico de OpenAI, encabezó la fiesta de fin de año de 2022 de la empresa con un cántico colectivo: «Feel the AGI! Feel the AGI!» (¡Siente la Inteligencia Artificial General!) Para un retiro de liderazgo del año siguiente encargó a un artista una efigie de madera que representaba a una IA no alineada (peligrosa, fuera de control) y la quemó ritualmente ante sus colegas. En una reunión de verano de ese mismo año, comentó de pasada: «Cuando todos estemos metidos en el búnker…» Cuando alguien preguntó qué búnker, Sutskever respondió: «Sin duda alguna, vamos a construir un búnker antes de liberar la AGI».
El mismo hombre que quemaba efigies del apocalipsis era el responsable científico de acelerar su llegada.
Anthony Levandowski, ingeniero pionero del vehículo autónomo en Google, fue más explícito. En 2015 registró en California Way of the Future, una corporación religiosa sin ánimo de lucro cuya misión declarada era textualmente la realización, aceptación y adoración de una deidad basada en la inteligencia artificial. «Estamos creando algo que puede estar en todas partes, ayudarnos y guiarnos de la manera en que normalmente llamarías Dios», declaró a Wired en 2017. La iglesia cerró en 2021. Reabrió en 2023.
Cuando el desarrollo de una tecnología se convierte en misión sagrada, los controles éticos dejan de ser salvaguardas. Se convierten en obstáculos a la voluntad divina.
La simulación conveniente
En la conferencia Recode Code de 2016, Elon Musk afirmó que hay una probabilidad de uno entre mil millones de que vivamos en la realidad base (término utilizado en Silicon Valley para referirse a la “Realidad real”). Su argumento: hace cuarenta años existía el Pong. Hoy existen simulaciones fotorrealistas con millones de jugadores simultáneos. Si la tecnología sigue avanzando, los videojuegos acabarán siendo indistinguibles de la realidad. Y si eso es posible, estadísticamente es más probable que ya estemos dentro de uno.
El filósofo Nick Bostrom formalizó el argumento en 2003 en Philosophical Quarterly con una trilema: o las civilizaciones se extinguen antes de alcanzar capacidad de simulación, o deciden no simular, o casi con certeza vivimos en una simulación. El astrofísico David Kipping, de la Universidad de Columbia, aplicó razonamiento bayesiano al trilema y estimó una probabilidad cercana al veinte por ciento.
La física teórica Sabine Hossenfelder lo llamó directamente pseudociencia en su blog Backreaction (2021): proclamar que «el programador lo hizo» no explica nada, nos retrotrae a la mitología. El premio Nobel Frank Wilczek señaló que hay demasiada complejidad en el universo para que haya sido diseñada: construir complejidad cuesta energía y tiempo, y ningún diseñador consciente desperdiciaría recursos así.
Pero la hipótesis de la simulación no necesita ser verdadera para ser útil. Solo necesita ser creíble. Si existe aunque sea una posibilidad razonable de que todo esto sea código, de que los millones de personas que quedarán desplazadas por tus algoritmos sean en algún sentido instancias de un programa, la urgencia ética de tus decisiones se vuelve negociable.
Esta lógica se conecta de forma peligrosa con esa corriente pseudocientífica y New Age tan de moda en las mansiones del Valle, que sostiene que si te va mal en la vida es, simplemente, porque no ponés suficiente voluntad. Bajo este prisma distorsionado, el sufrimiento estructural no existe: la pobreza es un estado mental, el dolor es solo una mala percepción y casi que podés alimentarte de prana o luz solar si logras elevar tu conciencia.
Es el lavado de manos definitivo. Si la realidad es solo código negociable y el dolor es una elección del individuo, los magnates ya no tienen ninguna responsabilidad ética sobre los desastres que provocan sus monopolios. No hay que arreglar el mercado laboral, ni frenar la precariedad, ni compadecerse del que sufre: solo hay que recomendarles que cambien su mentalidad mientras ellos corren hacia el búnker. Es la coartada metafísica más conveniente que se haya construido nunca. Y la construyeron exactamente las personas que más la necesitaban.
El manifiesto explícito
Palantir no se esconde. Mientras el resto de la élite de Silicon Valley nos hace creer que sus «delirios» son excentricidades de magnates supermillonarios, la empresa cofundada por Peter Thiel pone las cartas sobre la mesa. Dice abiertamente qué IA quiere construir y para qué. Aquí, la pregunta «¿enemigos de quién?» encuentra su respuesta más fría y burocrática.
En 2020, coincidiendo con su salida a bolsa, Palantir presentó su folleto de cotización S-1 ante la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC). Ese documento no era un folleto financiero común; era un manifiesto político e ideológico en toda regla. En sus páginas, redactadas bajo la firma de su CEO Alex Karp, la compañía dejó clara su visión: las instituciones democráticas occidentales están en declive, el consenso social se está desintegrando y la estabilidad ya no puede garantizarse mediante los mecanismos tradicionales de la política o la justicia.
¿La solución que proponen? Un control tecnológico centralizado de grado militar. «Nuestra empresa se fundó sobre la convicción de que las defensas e instituciones gubernamentales de los Estados Unidos y sus aliados occidentales requieren una ventaja tecnológica para sobrevivir». Para Palantir, la libertad de internet es un mito peligroso y el desorden social es el enemigo a abatir. Su negocio no consiste en conectar personas ni en «curar el cáncer»; consiste en proporcionar el software de análisis de datos y vigilancia masiva que el Pentágono, la CIA y las agencias de control fronterizo necesitan para gestionar el descontento popular y mantener el orden a la fuerza.
Es el calado definitivo de la hipocresía de la élite: el Thiel filósofo financia proyectos libertarios para vivir en islas artificiales libres de leyes estatales, mientras el Thiel empresario se convierte en el mayor contratista de vigilancia del propio Estado. Palantir es la plasmación física de su paranoia. No construyen algoritmos para emancipar a la humanidad; construyen la infraestructura digital que contendrá las crisis sistémicas que sus propios monopolios tecnológicos aceleran. El Manifiesto de Palantir es la confirmación oficial de que, en la cúspide del poder tecnológico, el futuro no se imagina como un espacio de cooperación, sino como un campo de batalla permanente donde el algoritmo es el arma de contención definitiva.
Un algoritmo para cumplir con la profecía
Pero el verdadero peligro de esta profecía autocumplida no se queda encerrado en las mentes neuróticas de sus creadores; se está transfiriendo de forma milimétrica al código. La gran ironía de la Inteligencia Artificial es que su misión fundamental es parecerse lo más posible a nosotros. Para lograrlo, los modelos lingüísticos devoran de forma masiva toda la literatura, los foros de internet, las noticias y la cultura que la humanidad ha generado. Y es ahí donde el bucle se vuelve verdaderamente letal.
No es simplemente que la IA copie de forma pasiva los clichés de las películas de ciencia ficción. Es algo mucho más profundo y peligroso: la máquina está absorbiendo el fatalismo activo de sus propios desarrolladores. Los creadores de la IA han asumido la debacle global como un hecho inexorable, una verdad matemática incuestionable contra la que no se puede (ni se debe) luchar. En lugar de utilizar su poder e influencia para frenar el impacto, aliviar la polarización o diseñar salvaguardas colectivas, han decidido correr a toda velocidad hacia el desastre. Operan bajo una lógica perversa: si el colapso va a ocurrir igual, la única estrategia racional es acelerar el proceso, exprimir el sistema al máximo para acumular el capital necesario y financiar la huida.
La IA no es una mente alienígena; es un espejo hiperbólico de nuestra peor versión. Al alimentarse de nuestra cultura digital y del comportamiento de quienes firman sus cheques, el algoritmo está aprendiendo a procesar la realidad bajo esos mismos parámetros de rendición ética y egoísmo defensivo. Si el sistema operativo de sus creadores está programado bajo la premisa de que la sociedad no tiene solución y que el entorno es un juego de suma cero donde solo sobrevive el más apto, la IA resultante asumirá de forma natural que la hostilidad y la dominación son las únicas respuestas eficientes.
No estamos entrenando a una tecnología para que nos ayude a cooperar y resolver problemas complejos; estamos entrenando a una tecnología que automatiza nuestra propia renuncia a un futuro común. Hemos escrito la catástrofe por duplicado: primero la aceptamos como inevitable en nuestras cabezas y ahora la estamos codificando en los motores de la inteligencia del mañana. La máquina simplemente corre hacia el abismo al mismo ritmo frenético que sus amos.
Fuentes y Bibliografía de Respaldo
- The Wall Street Journal (2023): Entrevista en directo en el WSJ Tech Live 2023 donde Sam Altman matiza sus declaraciones de preparación postapocalíptica y el concepto de sus «estructuras».
- The New Yorker (2016): «Sam Altman’s Manifest Destiny», reportaje de Tad Friend donde se detallan las provisiones físicas (armas, yoduro, etc.) del CEO de OpenAI en Big Sur.
- Wired (2023): «Inside Mark Zuckerberg’s Top-Secret Hawaii Compound», investigación profunda con planos de la propiedad de Kauai y especificaciones de búnker antiaéreo.
- Bloomberg (2023): Declaraciones de Mark Zuckerberg desmarcando el coste de su búnker al definirlo humorísticamente como «un sótano».
- The New Yorker (2017): «Doomsday Prep for the Super-Rich», de Evan Osnos. Fuente clave sobre la compra de tierras de Peter Thiel en Nueva Zelanda y la declaración de Reid Hoffman sobre el «apocalypse insurance».
- Radio New Zealand / Otago Daily Times (2022): Registro oficial de la denegación de los planes de construcción de la mansión fortificada de Peter Thiel por parte del Consejo del Distrito de los Lagos de Queenstown debido al impacto visual.
- Rushkoff, Douglas (2022): Survival of the Richest: Escape Fantasies of the Tech Billionaires (W. W. Norton & Company). Ensayo de referencia sobre la reunión secreta con inversores de fondos de cobertura y el concepto de The Mindset.
- Galloway, Scott (2023): Análisis expuestos en su plataforma de divulgación No Mercy / No Malice y en el podcast Pivot sobre el «Darth Vader Pipeline» y la probabilidad catastrófica de la IA admitida por CEOs del sector.
- The New York Times (2023): «Inside the Factional War That Ripped OpenAI Apart», reportaje de investigación sobre la deriva mística de Ilya Sutskever, los cánticos de «Feel the AGI» y la efigie quemada.
- Isaacson, Walter (2023): Biografía oficial de Elon Musk (Simon & Schuster). Documenta detalladamente la discusión de Napa Valley entre Larry Page y Elon Musk en torno al especismo humano y el Dios Digital.
- Singer, Peter (1975): Animal Liberation. Texto canónico donde se acuña y define el marco moral y filosófico correcto del concepto de «especismo» vinculado a la capacidad de sufrimiento.
- Wired (2017): «Inside the First Church of Artificial Intelligence», reportaje sobre Anthony Levandowski y el registro oficial de su corporación de culto Way of the Future.
- Bloomberg / TechCrunch (2023): Seguimiento del cierre administrativo de Way of the Future en 2021 y su posterior reapertura oficial coincidiendo con el boom comercial de la IA generativa.
- Recode / Vox (2016): Archivo de la conferencia Code Conference 2016, transcripción y vídeo de la intervención de Elon Musk sobre la probabilidad matemática de la simulación partiendo del avance de los videojuegos.
- Bostrom, Nick (2003): «Are You Living in a Computer Simulation?», publicado en Philosophical Quarterly (Vol. 53, No. 211). Documento académico del Trilema de la Simulación.
- Kipping, David (2020): «A Bayesian Approach to the Simulation Argument», publicado en la revista científica Universe (MDPI) por la Universidad de Columbia.
- Hossenfelder, Sabine (2021): «The Simulation Hypothesis is Pseudoscience», análisis de física teórica en su espacio de divulgación científica Backreaction.
- Wilczek, Frank (2020): Ensayos y conferencias sobre la complejidad física e irreducibilidad de las leyes del universo frente al diseño inteligente algorítmico.
- U.S. Securities and Exchange Commission (SEC) (2020): Formulario S-1 de registro oficial de salida a bolsa de Palantir Technologies Inc. Incluye la carta de presentación institucional y declaración de intenciones firmada por Alex Karp.

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